viernes, 25 de noviembre de 2011

Capitan Emilio Cruz Rodríguez esbirro de la Prisión Provincial de Agüica,Colón,Matanzas.

En su testimonio Triste Realidad Marzo del 2003 Miguel Galban Gutierrez en uno de sus parrafos dice y pone link a otra importante denuncia de Laura Pollan.

Mis vivencias fueron tristes conocí en este sitio a uno de los gendarmes más represores del sistema penitenciario cubano, el capitán Emilio Cruz Rodríguez, este esbirro no se sentía bien si diariamente no golpeaba o maltrataba a un recluso. En una ocasión me aplico una técnica de asfixia consiste es con las dos manos sobre el cuello presiona con los dedos la arteria carótida hasta que esté a punto de desmayarte.
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Atrincherado en:  Bartolome Masó No.129 e/ Rafael A. y A.Nodarse,Colon, Matanzas  Telefono:(45)316379

Update 07/12/11: 


RECORDANDO MI PRIMERA PRISIÓN

En estos días he evocado mi ya lejana estancia en la cárcel de alta seguridad de Agüica, Colón, a raíz de ser publicado el documento La Patria es de todos. El motivo principal de mis remembranzas es la noticia, difundida hace unos días, de la huelga de hambre iniciada en ese centro de horror por el preso político Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso en reclamo de su libertad.

Recuerdo que, a mi arribo a ese centro penitenciario, fui a parar de cabeza a la llamada “Área de Seguridad”. El tenebroso Emilio Cruz, más conocido como El Chacal de Agüica (entonces jefe de Orden Interior, y ahora alcaide en premio a sus innumerables atropellos contra los reclusos), me explicó que, desde el punto de vista técnico, no se trata en puridad de una zona de castigo, pero debo decir que es lo más parecido a eso que he conocido.


Allí, en la planta alta del Edificio 3, los reos no tienen acceso ni siquiera a los medios masivos oficialistas. Ahora que se habla de una nueva visita papal a nuestra Patria, recuerdo que mi estancia en aquel paraje coincidió con la llegada a Cuba de Juan Pablo II, de la cual, en mi cubículo, sólo me enteré por el estruendo de los cañonazos protocolares disparados en su honor, que retumbaban en los televisores de otros pisos.


Durante aquel encierro arbitrario conocí a Marcelino Rodríguez Vázquez, entonces el único otro preso político en el Área de Seguridad. Meses más tarde, tras mi traslado al destacamento de los reos pendientes de juicio, él me presentó a Álvarez Pedroso, con quien convivía en una celda a cuya ventana yo tenía acceso cuando era sacado al sol.


Debo aclarar que esos dos hermanos de lucha anticomunista realizaron actos violentos; en el caso de Pedro de la Caridad, tiroteó un hotel de Varadero, ocasionando daños, aunque ninguna desgracia personal. Sus métodos no son los mismos nuestros, pero no tenemos derecho a criticarlos, porque los usaron frente a un régimen que no da el menor resquicio legal para ser cambiado por vía pacífica. A quienes los censuran desde el oficialismo, les recuerdo que esos mismos medios —y otros mucho más sangrientos— fueron los utilizados por el actual equipo gobernante durante su trepa al poder.


Cuando llegué a Agüica, ya Álvarez Pedroso llevaba más de ocho años encarcelado. Tras mi partida de allí, ha continuado recorriendo ese calvario hasta el día de hoy; en total, casi dos decenios. Le falta otro más para extinguir la brutal sanción de treinta años que le impusieron los tribunales castristas.


Por supuesto que, en casos como éste, uno no puede evitar comparar la situación de él con la del fundador de la actual dinastía y sus secuaces. Por asaltar el Cuartel Moncada, ocasionando veintenas de muertos, el castigo más severo fue el asignado al jefe: quince años de reclusión, ¡exactamente la mitad de lo impuesto a Pedro de la Caridad, quien no derramó ni una sola gota de sangre!


Pero lo más curioso de todo es que aquéllos sólo permanecieron encerrados durante un par de años, mientras que mi ex compañero de reclusión en Agüica lleva ya veinte en prisión, y al cabo de todo este tiempo se ha visto obligado a emplear el recurso extremo de la huelga de hambre para tratar de encontrar una salida a su angustiosa situación.


Esperemos que el general Raúl Castro y sus compañeros de gobierno militar, que han sabido —aunque con muchos años de retraso— permitir que los presos de conciencia salgan de su injusto encierro, solucionen casos como los de Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso y otros valerosos cubanos que, en resumidas cuentas, han hecho cosas que no se diferencian demasiado de las que ellos mismos realizaron en su día.


La Habana, 30 de noviembre de 2011

René Gómez Manzano


Abogado y periodista independiente

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Update 14/5/12

Denuncia Dalvinder Singh Jagpal desde la Prisión de Agüica


Video


Publicado el 13/05/2012 por 
Matanzas, Cuba


2 comentarios:

catholictraditionmiami dijo...

Hermanos y amigos,

Los criminales genocidas Fidel y Raúl Castro no pueden secuestrar a un país entero ellos solos. Necesitan muchos cómplices para lograr esto. Identifiquemos a todos esos cómplices y trabajemos para llevarlos ante la justicia que pronto se impondrá en Cuba.

Apoyemos al proyecto de identificación de represores en Cuba.

Corramos la voz dentro de la isla de que el cómplice del régimen castrista experimentará la justicia de no abandonar la represión y trabajar por la desaparición del régimen.

Un fuerte abrazo,
Eladio José Armesto

aborigen dijo...

Este cobarde venia de instructor junto con Santana León en la prisión de Aguica;por aquellos tiempos el y Pikiri-otro asesino-me desmayaron a palos.Un día por poco lo mato por entre las reja;después de eso ni se acercaba a mi celda.
Un total de seis reclusos perdieron la vida a mano de estos asesinos en Aguica,por los anos '90.Entre los mas celebres asesinos estaban Juan Santana Leon,La Boa,Pikiri,Emilio,Brito y otros mas.
Busquen las informaciones dadas por mi en esos anos hacia afuera y tendrán la lista completa de estos esbirros.

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