martes, 2 de octubre de 2012

Pastor F. Guzmán Castro, Escriba de Castro




El infortunio de Ventura

Ventura Guerra Utrera. La muerte del joven miliciano Ventura Guerra Utrera, caído el 27 de septiembre de 1962 durante un cerco en Pelayo, repercute aún medio siglo después.
La mujer gruesa y trigueña demora en abrir la puerta de su morada y cuando lo hace mira al recién llegado con miedo, como si esperara una mala noticia. Al cabo de medio siglo de aquel septiembre infausto, aún padece el síndrome nervioso que con tantos sinsabores la ha marcado.
Sin embargo, un sentimiento de alivio se percibe en el gesto de Rosalba Guerra Utrera, cuando le expreso que quiero hablar sobre su hermano Ventura, caído durante el cerco contra una banda armada hace ahora 50 años.
Rosalba aún padece el síndrome nervioso 50 años después.Rosalba no tiene que hacer un gran esfuerzo para recordar, porque todos los días evoca a Ventura y a todos los que ya no están. Habla con adoración y nostalgia de sus padres, y la simple remembranza de los dolores terrenales y síquicos de la madre le hace saltar las lágrimas.
“Mis padres, Erasmo Guerra Venegas y Ovelta Utrera Estrada eran campesinos pobres. Él tenía un pedazo de tierra en la zona de Las Burras, detrás de Arroyo Blanco, que no alcanzaba para alimentar a la familia compuesta por 13 hijos. Allí estaba el bohío donde vivíamos.
“Ventura nació el 24 de julio de 1938 y solo pudo alcanzar el tercer grado, pues debió dejar la escuela rural de Yamagual, donde estudiaba, para ayudar a mis padres al sustento de aquellas 15 bocas”, sostiene.
UN CORAZÓN DE ORO
La mujer, casi sexagenaria, habla con devoción del hermano caído: “Ventura era una persona maravillosa, muy humilde y siempre preocupado por el bienestar de mi madre. Si una peseta se ganaba, una peseta era para ella. Cuando ella perdió a los jimaguas a causa de la gastroenteritis, eso la afectó mucho. Eran gemelos idénticos y por entonces los más pequeños de la prole.
“Entonces Ventura no sabía qué hacer para tratar de confortar su ánimo. Encima de la miseria, aquella desgracia… Por esos días en la casa se empezó a hablar de Revolución cada vez más seguido. Mi papá y mis hermanos mayores estaban contra el régimen de Batista, un día Ventura no vino a almorzar ni a comer. Se había alzado en el Frente Norte con las tropas de Camilo”.
EN LAS MILICIAS
Ella era muy pequeña cuando triunfa la Revolución y apenas recuerda al joven combatiente vestido de verde olivo, la alegría de su primera visita a la casa paterna en enero de 1959 y todos esos detalles que sí atesoran sus hermanos mayores.
Después Ventura se desmoviliza y vuelve al trabajo en el campo,
pero no sería por mucho tiempo. Pronto el macizo de Guamuhaya se infesta de bandoleros y comienzan a oírse historias espeluznantes de crímenes cometidos por ellos. Ventura, sus hermanos y su padre no tardan en hacerse milicianos.
“Él se fue para el Escambray y estuvo por allá cerca de dos años movilizado en la lucha contra los bandidos. Al cabo de ese tiempo, durante el cerco a una banda allá por Pelayo le dieron un tiro en la ingle y falleció a causa de la hemorragia causada por la herida.
“Recuerdo que el 27 de septiembre de 1962, el mismo día del cumpleaños de mi hermano mayor, Serafín Guerra, llegó el casillero Benerardo Jiménez a mi casa. Él le dijo a mi mamá que Ventura estaba herido. Entonces trajeron a mi mamá para Arroyo Blanco y de ahí la trasladaron para Jatibonico, que fue donde supo la gravedad de lo ocurrido: Ventura estaba muerto.
“Yo, entonces con nueve años, me afecté mucho. En la escuela no asimilaba las materias debido al trauma nervioso. Tuvimos que luchar muy duro viviendo del campo. Después, paso a paso, fuimos mejorando”.
Hoy Rosalba tiene dos hijas, nietos, sobrinos y aún le quedan cuatro hermanas y tres hermanos, pero se estremece cada vez que tocan a su puerta.


El asesinato de Sandalio Junco
Enviado por Redacción el 20. Marzo 2011 @ 18:38 En Cartas a Ofelia | 1 comentario
Cartas a Ofelia/ História
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  • Imagen del lider sindical Sandalio Junco
Cubamatinal/ París, 18 de marzo de 2011.
Querida Ofelia;

El domingo pasé más de una hora al teléfono conversando con el Señor Roger Redondo González, que fuera Jefe de Inteligencia del Segundo Frente del Escambray y fundador del segundo frente de Guerra de Cuba. Con este “puente” que hemos tirado entre La Ciudad Luz y la capital cubana del exilio, gracias a nuestro viejo amigo común Miguel García, ex guerrillero y compañero de lucha de Roger, me he enterado de muchas cosas que ignoraba totalmente.

Roger posee una voz grave, habla pausadamente, no manifiesta odio ni rencores, sólo desea hacer conocer la verdad, su verdad, la cual contradice la historia oficial del régimen de los Castro.

A continuación te envío sus declaraciones  a propósito del asesinato de Sandalio Junco:
“Corría el mes de mayo de 1942, y gobernaba el  presidente Fulgencio Batista, muy amigo de los comunistas de aquella época. El sindicato de trabajadores de la empresa de transporte de ómnibus La Flecha De Oro, tenía sus oficinas y talleres principales, en Sancti Spiritus. Este sindicato  estaba controlado por los comunistas del  P.S.P. que entonces formaban parte del gobierno. En horas de la noche durante varios días de aquel mes, se regaron por la ciudad, panfletos  muy escuetos, que llevaban la firma del sindicato de la  La Flecha De Oro. Aquella propaganda sólo decía: JUNCO NO HABLARÁ, lo que  constituía una clara amenaza de muerte

El 8 de mayo de 1942 se cumplían 7 años de la muerte de Antonio Guiteras, revolucionario ejemplar asesinado por los esbirros de Batista. Los revolucionarios espirituanos le querían rendir homenaje y habían anunciado que Sandalio Junco sería el orador principal de aquel acto de recordación.

La población se encontraba a la expectativa, incluso el Sr. Escribano, alcalde de Sancti Spiritus, miembro  del partido Auténtico, decidió, para reducir el riesgo, que el mitin se diera dentro del edificio del Ayuntamiento. El local era grande, quedaba en el segundo piso, tenía  capacidad para 200 personas, aunque fueron unas 700. En la planta baja estaba la estación de policía, comandada por el capitán Ferrer Nodal, natural de Sagua la Grande.

Un dato curioso es que todos los asistentes eran  hombres. Por su parte,  Ferrer Nodal recibió la orden de registrar a los asistentes, quienes tenían que pasar necesariamente por la estación de policía para tomar la escalera y llegar al segundo piso. De manera sospechosa, la policía registraba a los miembros del partido Auténtico, pero no a los comunistas. 

La gente, al fin, llenó el local, la escalera y hasta la acera, cuando llegó el comando del partido Comunista. Isidro Pérez iba a la cabeza, seguido por Domingo Cordero, Armando Acosta, el negro Chacón, Catalino Monteagudo y otros dos hombres. El grupo homicida se fue abriendo paso. Todos llevaban pistola, menos Chacón, que ocultaba un cuchillo de carnicería debajo de la camisa. Además, ya el partido Comunista había  situado a tres hombres, que no eran conocidos como militantes.

 La misión de estos tres individuos era la de servir de testigos falsos, para proteger a los pistoleros. Llegaron al segundo piso y se situaron en abanico por el local. Chacón se quedo al lado de Isidro, cubriéndolo para que pudiera disparar más tranquilo.

Después de hablar Charles Simeón, cuando anunciaron a Sandalio Junco, Armando Acosta gritó desde una esquina: ¡Negro traidor lacayo del imperialismo! Al mismo tiempo  disparó al  techo con su pistola y cuando los asistentes voltearon la cabeza hacia atrás para ver qué pasaba, Isidro Pérez aprovechó para disparar contra el revolucionario socialista Sandalio Junco.

Acto seguido hubo un segundo disparo, dirigido  también al corazón del querido dirigente agrario espirituano, al que se conocía por el mote de El Chivo.  Charles Simeón, estaba frente al micrófono en el momento que un tercer disparo de Isidro hizo blanco en el  mismo. La bala se desvió ya que iba directo al corazón de Simeón. El resto del comando de asesinos, comenzó a disparar hacia el techo y las paredes, mientras Chacón, cuchillo en mano, avanzaba hacia el cuerpo inerte de Sandalio, para rematarlo por si acaso el disparo de Isidro Pérez hubiera fallado. Pero en aquel  instante, cuando Chacón se agachó con su puñal, un militante auténtico le dio  un silletazo con tanta fuerza, que le destrozó la cabeza provocándole  una muerte instantánea.

Tal como lo habían anunciado los panfletos, Junco no pudo pronunciar ni una sola palabra y los asesinos huyeron rápidamente.

El edificio por la entrada principal presenta una pared en toda su extensión,  pero hacia atrás hay unas grandes ventanas que dan a un techo de tejas que va descendiendo y ya cuando llega a la calle de atrás es muy bajo, quizás un par de metros. Por ahí salieron, en medio de la confusión, todos los miembros del comando asesino.

Los tres que formaban el grupo de protección legal, se mantuvieron en el local y pudieron servir de testigos falsos.

La policía había acordonado la calle Independencia, por donde tendría que salir el público asistente. Todos los presentes fueron arrestados menos los asesinos que lograron escapar. A más de 700 personas se le hizo la prueba de la parafina, que por supuesto dio negativa. Al día siguiente llegó Eduardo Chivás a Sancti Spíritus y fue él quien despidió el duelo de Sandalio Junco, en la calle Céspedes Esquina a Garaita.
El local en donde los comunistas asesinaron a Sandalio Junco, aún hoy día se mantiene en magníficas condiciones. En una placa de mármol se puede leer: Aquí estuvo la estación de policía de la dictadura de Batista, que fue tomada por las fuerzas del comandante Armando Acosta Cordero el 23 de diciembre de 1958. 

Sin embargo, en Sancti Spiritus no hubo combates, porque los soldados gubernamentales abandonaron la ciudad y huyeron hacia Ciego de Ávila. Por lo tanto, Armando Acosta no liberó a Sancti Spiritus. A quien si liberó Armando Acosta el 23 de diciembre de 1958 fue a Isidro Pérez, el asesino de Sandalio Junco, que se encontraba preso en la pequeña cárcel para delitos menores de la ciudad espirituana. Y no solamente lo liberó sino que lo ascendió a teniente del Ejército Rebelde.

Isidro Pérez había estado  preso en La Habana después del golpe de Estado de Fulgencio Batista, pues eran los tiempos del Macarthismo y los comunistas habían perdido influencia con Batista. Washington y Moscú ya estaban en los comienzos de la Guerra Fría. Obviamente, Batista respondía a los americanos y los comunistas a Moscú,  por lo que al enfriarse las relaciones entre estos dos centros de poder,  se reflejaba inevitablemente al interior de Cuba.

De todas maneras, los hombres del compañero José lograron trasladar a Isidro Pérez para esta cárcel municipal, donde el sistema carcelario era más blando. José y sus hombres, a pesar de la situación internacional, no perdieron sus contactos dentro del poder batistiano.

Por su parte, los soldados de Batista después de  su huída de Sancti Spiritus, fueron en tren de Ciego de Ávila hasta el puerto de Júcaro y de allí zarparon en una nave de guerra para Cienfuegos, después de recoger a cien  hombres en Casilda.

Finalmente, en la Perla del Sur se reunieron las tropas de estas tres ciudades, marinos, policías y soldados, quienes se rindieron a las fuerzas rebeldes del Segundo Frente Nacional del Escambray, sin disparar un tiro. Entre estos militares se encontraba el comandante de la policía Ferrer Nodal, a quien entrevisté sobre el crimen de Sandalio Junco, ya que este oficial fue jefe de la policía espirituana las dos veces que Batista gobernó a Cuba.

El día que asesinaron a Sandalio Junco y a José María (El Chivo), entre los asistentes, se encontraban: Enrique Villegas Martínez, Jesús Caballero Gómez, Manuel Camejo, Bernardo Arias Castillo y Manuel Guillot Benítez. Éste último se hizo célebre en Cuba, pues en la década del 30, un acorazado americano entró a la bahía de La Habana y Guillot  se subió al muro de la bahía, con su pistola 45 e hizo varios disparos hacia el  acorazado.

Más tarde fue Representante a la cámara, por el partido Auténtico. Todo este grupo que estuvo presente cuando asesinaron a Sandalio Junco,  era auténtico y simpatizante de Guiteras. Manuel Guillot y Manuel Camejo, fundaron el Comité Justicia para Sandalio Junco, leían alusiones por la radio espirituana, escribían a la prensa, y hasta fundaron un periódico, con la ayuda de Enrique Villegas. Ese periódico se repartía desde el Instituto de segunda enseñanza de Santi Spiritus.

Por supuesto, durante la presidencia de Batista no se pudo formular cargos contra nadie. En aquel año 1942,  los comunistas formaban parte del Gobierno de Batista, pero para 1944, las cosas cambiaron ya que  Ramón Grau San Martín ganó las elecciones. Entonces, el grupo del partido Auténtico que había presenciado el crimen, podía servir de testigo ante un tribunal.  

Por otra parte, el 7 de mayo de 1945, Enrique Villegas, Jesús Caballero Gómez y Bernardo Arias Castillo, se apostaron en un lugar, por donde pasaría esa noche Domingo Cordero, uno de los asesinos de Sandalio Junco. Los tres no se podían acercar mucho por haber mucha gente e iluminación. Finalmente, Cordero que era alto y muy flaco, salió ileso, a pesar de que le dispararon repetidas veces. De modo, que se formó mucha algarabía y algunos parroquianos  reconocieron a los atacantes, pero nadie habló. 

Posteriormente, en un juicio durante el gobierno de Grau,  Isidro Pérez fue condenado. En 1944, Chibás fue a Sancti Spiritus, para trasladar los resto de Sandalio Junco para la Habana. Hoy, lamentablemente, ni la historia ni la tumba de Sandalio es conocida por el pueblo cubano. Uno de los más importantes revolucionarios del siglo XX cubano permanece en la oscuridad.

El Apóstol de nuestra Independencia conocía  ese tipo de crueldad, que consiste en  ocultar a los libertadores. Martí conocía la naturaleza del poder, por lo cual  escribió: No me pongan en lo oscuro a morir como un traidor… Pero la historia no perdona las maniobras frías del poder. A Martí lo han tratado de desaparecer en el agujero negro de la mentira y el oportunismo, pero cada día está más vivo. Sandalio Junco, también, ocupará el lugar que le corresponde en nuestra historia. 

Deseo recordar algunas cosas importantes:
  • Enrique Villegas, Jesús Caballero Gómez, y Bernardo Arias Castillo, se unieron a la UIR. Villegas fue el primer soldado rebelde, que murió en el Escambray. A Jesús Caballero Gómez, Rolando Masferrer Rojas, lo secuestró y lo enterró vivo en un lugar de la Habana.  Un hombre fue testigo de  aquel acto de barbarie desde un lugar distante y le avisó a unos guardias rurales, quienes lo pudieron rescatar, salvándole la vida. 

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  • Imagen de Enrique Villegas

  • Jesús Caballero, y Bernardo Arias, fueron guerrilleros del Segundo Frente del Escambray. Al triunfo de la revolución, Bernardo Arias Castillo, era un hombre con instrucción de segunda enseñanza, fue fundador del G2 y jefe de la ciudad de Sancti Spiritus. También  fue el primer oficial de ese organismo en perder la vida durante un encuentro con los alzados del Escambray. Obviamente, estos guerrilleros operaban en el Escambray ya después de enero de 1959.
  • Jesús Caballero Gómez fue capitán del Ejército Rebelde, vivía en la calle F número 110, en El Vedado La Habana. En los días en que se organizaron los C.D.R. en Cuba, Jesús Caballero Gómez y Lázaro Artola Ordaz, nombraron el tercer C.D.R., que se fundara a nivel nacional  con el nombre de Bernardo Arias.
  • Al morir Jesús Caballero Gómez y más tarde Lázaro Artola Ordaz., un comando anónimo, se personó en el C.D.R. Bernardo Arias, en El Vedado,  dijeron que ese nombre había que quitárselo al C.D.R. porque había sido impuesto por unos “come vacas”. Además, nadie conocía quién era ese Bernardo Arias, dijeron los agresivos miembros del grupo y acto seguido golpearon con una mandarria el busto del héroe.  Hay que tomar en cuenta, que por aquellos días, Armando Acosta Cordero no vivía muy lejos de allí y  tenía fresco en su mente, el recuerdo del atentado a Domingo Cordero.
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  • Imagen de Armando Acosta Cordero
     
Esta pequeña historia se la dedico, al historiador y periodista, siempre despistado,  de corta vista y oídos sordos, Pastor Guzmán Castro, del periódico Escambray  de Sancti  Spiritus  de Cuba, para que aprenda a escribir la verdadera historia de la Revolución Cubana”.    

El Señor Roger Redondo González me prometió continuar nuestra conversación, para hacer conocer la verdad de lo que ocurrió en los años cincuenta en El Escambray cubano y que el régimen ha logrado ocultar o difamar hasta hoy día.

Un gran abrazo con gran cariño y simpatía,
Félix José Hernández

http://cubamatinal.es/2011/03/20/el-asesinato-de-sandalio-junco/print/
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Pastor F. Guzmán Castro - 335425    
LEPANTO # 287 e/ SOBRAL y ALFREDO HERNANDEZ,,SS

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